viernes, 18 de julio de 2008

La mujer en la antiguedad







Hoy, cuando la mujer lucha por alcanzar un plano de total igualdad con el hombre, social y profesionalmente, es importante remontarnos al pasado y ver cuál era su condición en la antigüedad, en las civilizaciones de Egipto, Sumer, Babilonia, Israelí, Grecia y roma.

La mujer egipcia
Desde sus remotos comienzos, Egipto honró a la mujer transformándola en el hada protectora del hogar y la comunidad. La mujer egipcia gozó, quizá como ninguna otra, de amplias libertades y derechos; podía llegar a ocupar cargos administrativos, realizar operaciones comerciales o, inclusive, sentarse en el trono de los faraones.
Puede enumerarse una larga lista de célebres egipcias que fueron madres, esposas e hijas de reyes, cuya influencia en la historia del país del Nilo fue sumamente beneficiosa. Entre otras, recordemos a la princesa Nofret, a la gran faraona Hatshepsut, a la bella Nefertiti, esposa de Amenhotep IV, a Nefertari, gran esposa real de Ramsés II, o a la hija de Seti I, aquella princesa que rescató a Moisés de las aguas. Finalmente, y ya en el ocaso de su historia, Egipto coloca frente a nuestros ojos la figura de Cleopatra.
El pueblo del Nilo, que podría parecernos pesimista y obsesionado por la idea de la muerte, fue en verdad una nación feliz y amante de la vida y la naturaleza. Escenas en tumbas y templos nos muestran paisajes bellísimos, una buena mesa, o al faraón gozando de un instante de intimidad junto a su esposa e hijos.
En la época del Imperio Nuevo, cuando las conquistas cubrieron a Egipto de riquezas, hombres y mujeres se lanzaron ansiosamente a la compra de toda una serie de artículos destinados a engalanar sus personas. Joyas y ropajes delicados tenían gran aceptación aun entre las clases más humildes, al igual que adornos de bronce y cosméticos.


La mujer sumeria

Entre los sumerios la mujer gozó de un plano social muy similar al de la egipcia, si bien no llegó a igualarlo. Tenía sobre sus hijos los mismos derechos que el marido y, en ausencia de éste, administraba los bienes comunes y era la autoridad suprema del hogar. También tenía la libertad de emprender negocios particulares en forma completamente independiente del marido, poseía esclavos y tenía derecho de vida o muerte sobre ellos. En ocasiones, como fue el caso de la cortesana Shub-ad, pudo llegar a reina y gobernar en su ciudad con autoridad suprema.
Una actividad muy anhelada por cualquier muchacha sumeria era la de ingresar como sacerdotisa en los templos de los dioses. Los padres de una jovencita demostraban su satisfacción y orgullo entregando su dote matrimonial al santuario.
Sin embargo, a pesar de sus libertades, la mujer en Sumer estaba sujeta a la autoridad del hombre. Este podía venderla en determinados casos o entregarla como esclava para pagar sus deudas.
La misión básica de la mujer en la sociedad sumeria consistía en dar muchos hijos a su esposo y al Estado, y en caso contrario él podía divorciarse de ella sin alegar ninguna otra razón.
La condición de la mujer de las clases inferiores era sumamente penosa, ya que debía trabajar en los campos igual que el hombre.

La mujer babilónica

En Babilonia, heredera de la civilización sumeria, la situación de la mujer fue bastante similar a la de Sumer. Tanto las muchachas como los jóvenes gozaban de notable libertad. Se han hallado tablillas de piedra o barro cocido con poemas de amor en los cuales el joven alaba la hermosura de su amada con expresiones tales como “mi amor es una luz” o “mi corazón se hincha de alegría y de cánticos frente a mi amada”. E incluso en una carta que data del año 2100 a. de C. encontramos lo siguiente: “A Bibiya… Samás y Marduk te den salud para siempre… He mandado (a preguntar) por tu salud; hazme saber cómo estás. He llegado a Babilonia y no te veo; estoy muy triste”.
Frases como éstas bien pudieron ser escritas por un joven esposo de nuestros días al cabo de un largo viaje.
El matrimonio era concertado por los padres de la pareja por medio del intercambio de presentes. El pretendiente hacia al padre de su novia un regalo valioso, pero se esperaba que éste diese a la muchacha una dote de valor superior al presente. Así era difícil determinar quién era comprado: si la muchacha o el joven.
Un hombre podía divorciarse de su esposa devolviéndole la dote y diciendo sencillamente: “Ya no eres mi esposa”, al igual que la ausencia de hijos bastaba para la separación legal.

La mujer hebrea

Entre los hebreos, como fue habitual entre casi todos los pueblos semíticos, la mujer nunca igualó al hombre en el ejercicio de sus derechos. En tal sentido, su condición fue bastante similar a la de la babilónica y sumeria, si bien tratándose de un pueblo de gran religiosidad y celoso de la moral, al menos ella no se transformó jamás en un mero objeto de placer, como lo fue en aquéllos.
Una sociedad originalmente tribal, donde el jefe de la comunidad era autoridad suprema e indiscutible, no pudo, salvo muy breves períodos, superar esa condición básica. La honra de la mujer se basaba en dos premisas: fidelidad al esposo y una pródiga descendencia. La mujer estéril era despreciada y repudiada por el esposo como una señal del castigo divino.
El mandato de Dios a la mujer fue: “Tu deseo será para con tu esposo, y éste mandará en ti”. Pero a pesar de esto, la legislación hebrea contempla a la mujer con respeto. En el relato del Génesis encontramos a Dios formando a Eva de una costilla de Adán. No la tomó de la cabeza, para que no fuese superior al hombre, pero tampoco de los pies, para que tuvieran autoridad sobre ella. La formó del costado, lo cual indicaba igualdad entre ambos.
La Biblia, para los cristianos, está llena de ejemplos de heroicas y sublimes mujeres que jugaron un papel fundamental en la historia del pueblo de Israel: Ester, una muchacha humilde, llegó a ser reina y salvó así a sus compatriotas de injustas persecuciones; Débora, valerosa mujer que marchó junto a los ejércitos hebreos alentándolos en la lucha y juzgando al pueblo; Judit, quien libertó a su pueblo del poderío asirio quitando la vida al general Holofernes, y, por último, María, la sublime madre de Jesucristo.

La mujer griega

En Grecia la mujer se agrupó en dos categorías: esclava y libre. La esclava era objeto de placer, sirviente sumisa encargada de satisfacer los deseos del hombre, dedicada a los quehaceres domésticos o, en el mejor de los casos, ama de llaves en la mansión de los ricos.
La mujer libre gozó de gran estima y llegó a ocupar un sitial de respeto, aunque jamás de igualdad con el hombre.
Entre los espartanos, posiblemente encontremos el único caso donde la mujer llegó casi a igualar al hombre. Famosa es aquella anécdota del soldado espartano que, huyendo de la lucha, volvió a su hogar. Allí lo aguardaba su madre, la cual le preguntó si retornaba victorioso. Cuando el soldado le respondió, que había huido para salvar su vida, la madre le arrebató la espada dándole muerte con ella para lavar el deshonor que había caído sobre su casa.
Los espartanos reverenciaban a la mujer, ante todo, en su calidad de madre, responsable de inculcar en los hijos el respeto hacia las leyes, el coraje y la templanza. Ocupó su lugar junto al hombre no sólo en la vida social sino ocasionalmente también en la política, cosa que en Atenas no ocurrió. Ni siquiera en tiempos de Pericles, época de gran prosperidad económica y florecimiento de las artes y letras, la mujer ateniense logró superar un puesto subordinado al del hombre. Podía acompañarlo a los espectáculos públicos, llevar a cabo negocios o tener propiedades, pero siempre debía callar en las asambleas públicas y guardar respeto al hombre.

La mujer romana

En la sociedad romana primitiva, austera y apegada al laboreo de la tierra tanto como a la guerra, la mujer ocupó un papel secundario y totalmente oscuro. Era la esposa sometida a la voluntad del amo y señor, madre paciente y laboriosa, y compañera del hombre en las tareas cotidianas.
Al urbanizarse la sociedad, y en especial, durante los períodos que llevaron a la formación del imperio, la mujer fue elevándose gradualmente hasta llegar a compartir incluso el trono de los Césares.
Siendo Roma la capital del mundo, a cuyos pies yacían pueblos y naciones, la dama romana adquirió privilegios nunca antes conocidos. Era respetada en base a su talento y no sólo por su belleza o alcurnia. Administraba sus bienes y negocios con gran capacidad y total independencia del hombre, tenía sirvientes y esclavos, y asistía a banquetes y reuniones junto con el esposo. Se cuenta que Cleopatra, tras la derrota de Marco Antonio, prefirió la muerte antes que ir como esclava a roma para servir de objeto de escarnio a las patricias romanas. Agripina, madre de Nerón, contrajo nupcias con su tío, el emperador Claudio, tras haber asesinado a su marido; y tanta fue su influencia sobre el emperador, que logró que aquél desheredara a su propio hijo, Británico, a favor de Nerón. Bajo el reinado de éste alcanzó inmenso poder hasta que Nerón, temeroso de su influencia, la mandó asesinar.
En términos generales, la mujer romana igualó a la egipcia, pero nunca pudo alcanzar total igualdad con el hombre salvo excepciones; y aun así, únicamente a través del matrimonio o la intriga.
Akira
Joselin

lunes, 14 de julio de 2008

Mi pequeño y perfecto mundo

No puedo estar contigo,
tampoco estar sin ti
y el unico lugar en el que
existe esa armonia perfecta
que los dos anhelamos
es solo en el pequeño mundo que tengo dentro de mi.
Donde no necesitamos mas
que el uno del otro
para poder sobrevivir.
Donde lo unico que existe
son los bosques sombrios
iluminados por la luna,
donde noche tras noche
me escondo tan solo
para estar junto a esa alma
que tanto necesito.
Donde derramo lagrimas
de amargo sabor,
que se mezclan con la tierra
en un punto de pasion infinita,
un mundo lleno de esperanza,
ese es el pequeño mundo que hay dentro de mi.
Un lugar colmado de silencio,
en el que mi cuerpo se combina con el tuyo,
sin dejar rastros de lo que antes fuimos,
ahora somos tan solo uno.
Akira
Joselin

domingo, 13 de julio de 2008

Amor

Esta noche tan profunda, con tu sangre me quiero embriagar.
Solo dejate llevar...
cierra tus ojos y comienza a volar.
Danzando entre tumbas y gritos de dolor,
siento tu frio cuerpo debilitandose lentamente.
De este sueño jamas despertaras!!
Tu alma sera mía, inmortal seras.
Siente mis manos resorriendo tu cuerpo,
embarrando tu sangre con un ritmo mortal,
sinfonías oscuras,
en un bosque medieval,
entregandonos el beso de la muerte
y soñando con el mas allá.
Sientes el dolor?
Quiero oirte gritar!!
En mi dulce victima ahora te convertiras.
Moriras poco a poco y en una tumba de rosas negras descansaras.
Yo bebere tu sangre,
ante almas oscuras te sacrificare,
mi amor por ti es eterno,
como el sueño infinito donde nuestras almas se unen y con la muerte juegan.
Caminando sobre espadas y durmiendo entre serpientes.
Ven hacia mi, entra en mi, pierdete en mi alma, entregate a mi.
Yo te observare morir lentamente y contigo navegaré
entre sombras infernales y abismos negros,
dolores eternos y largos sufrimientos.
Te veo pálido
tu tiempo terminó.
La magia comienza a invadirte muy despacio,
el poder de la noche te lleva hacia mi.
Entremos en un sueño sin final,
destruiremos al mundo
y nos perderemos en la oscuridad.
La noche es mistica y solo nuestra sera!!
Akira
Joselin

sábado, 12 de julio de 2008

Angel derrotado

No importaba dejar su hogar,
la comodidad de la paz eterna,
su mente se centraba en la gran necesidad,
mas en su interior aun dudaba.
Suplicando a gritos llegó hasta aquí,
bajó del suave celeste infinito,
sus negras alas aleteaban la esperanza
de encontrar el tesoro que llenaría su confundido corazón.
Buscando con afán incontable,
aquello que un día soñó encontrar,
este angel oscuro comenzó su faena;
su meta, el amor.
La noche cubría con su manto las calles,
las esperanzas se apagaban como la luz del sol,
ningún alma, ni un sonido lo acompañaba,
la tristeza de las calles lo estaba matando.
Gente sin hogar,
gente sin amar,
odio sin final,
¿qué más podía llegar?
Su ser no podía aceptar
todo el mal que la tierra acogía,
hipocrecía, dolor y angustia,
odio, guerra y muerte.
La desilución terminó por matarlo,
el llanto por destruir sus alas,
sus negras plumas flotaron a ningún lado,
un ángel más derrotado.
Akira
Joselin

viernes, 11 de julio de 2008

Alma negra

Dejaré crecer mis uñas para desgarrar tus entrañas fácilmente,
o moriré de pronto sólo para venir a visitarte, con mil demonios.
Destruiré tu aliento desesperado y malvenido
mirándote desde lejos con las venas deseando mancharte.
En dos tiempos de vals sacaré tus sesos para comerlos con gracia,
y volveré los sueños de tu mente dulces pesadillas llenas de maldad.
Rozaré tu abismo con las manos incineradas, muertas
desearás que te toque el pecho con la lengua.
¡Mírame! ¡Muérdeme!
que bailando entre mis brazos aquel tiempo no nos siente,
¡déjame clavarte mi estaca naciente!
en el momento en que mis dientes te penetran fuertemente...
¡Mírame!
El agua de ponzoña que resbala entre mis labios,
la vida tuya que se escapa a borbotones,
el dolor estancado, atajado entre mis alas;
la muerte precipitada que se esconde entre tus manos...
Akira
Joselin

jueves, 10 de julio de 2008

La Sepultura

Para tí una casa fue construida,
incluso antes que nacieras,
para tí el polvo fue destinado,
antes que salieras de tu madre.
No está concluída aún,
ni su hondura ha sido medida,
ni se sabe aún que largo tendrá.
Ahora te conduzco hacia donde estarás;
ahora te mido y a la tierra después.
Tu casa no es alta,
es baja y yacerás ahí.
El techo se alza muy cerca de tu pecho.
Así habitarás helado en el polvo.
Sin puertas es la casa,
y oscura está por dentro,
allí estarás fuertemente encarcelado
y la Muerte tiene la llave.
Atroz es esa casa de tierra
y terrible habitar allí;
vivirás allí
y te dividirán los gusanos.
Así estrás acostadoy dejarás a tus amigos.
Ningún amigo irá a visitarte.
Nadie irá a ver si te gusta la Casa,
nadie abrirá la puerta.
Nadie bajará hasta tí
porque pronto serás aborrecible para la vista.
Porque pronto tu cabeza será despojada de su cabello;
y la belleza del cabello se apagará.”
Akira
Joselin

miércoles, 9 de julio de 2008

La muerte

No te detengas en el camino
donde te encuentras andando, no pares
de caminar esos largos senderos blancos,
no manches de rojo las calles del dolor.
No te detengas al ver la luz blanca
tu sigue caminando en la soledad,
recuerda que la muerte te acompaña
deja ya de llorar, no pasara nada en la oscuridad.
Se que recorrer estos caminos duele,
entiendo lo dificil que es el dolor,
pero te aseguro que con ella, estaras mejor
no le temas a tu mejor amiga... tenle profundo amor.
El miedo es un gran traicionero
y mas cuando te encuentras en estos tiempos
en los tiempos de angustia y dolor, en
aquellos tiempos de llorar y temerle a la oscuridad.
Pero, aunque las tinieblas te asusten,
solo recuerda, que la vida es peor que el abismo,
que adonde te diriges mejor que el olvido
y aun cuando te vallas, ella estara contigo...
Akira
Joselin